Desconfiados

Providencia un día viernes en la tarde. Iba apurado caminando por la calle y necesitaba con urgencia llamar a mi viejo, cuando sucede uno de esos pequeños problemas de primer mundo: se pego la pantalla de mi celular. Después de jugar al técnico en computación por 15 minutos y no conseguir más que empeorar la situación, tome la mejor decisión y saque la batería para reiniciar el aparato. Como era de esperarse el equipo se desconfiguró, así que había que ingresar los típicos datos como fecha y hora. ¿Qué problema podía ser conseguir la hora?

Más de lo que pensaba.

Mire quien caminaba por la calle y vi a un usual oficinista en terno, ¿debe tener reloj no?. Así que me acerque a preguntarle, pero extrañamente mientras más me acercaba más rápido caminaba y más se desviaba, pasando casi trotando al lado mío para que no me le acercara. Bueno, me imagino iría apurado, preguntémosle a esa señora que parece estar comprando por ahí. Mucha confianza no debí transmitirle, porque cuando noto que me acercaba se tomo la cartera y se alejo sutilmente.  Filo, tome el metro camino a mi casa y ya dentro le pregunte al pasajero que estaba a mi costado. Después de casi saltar cuando le dije “disculpa, me puedes decir la hora” saco con su mano temblorosa su celular y al fin obtuve la hora.

¿Qué pasa con la gente que es tan desconfiada hoy?

Seria fácil apuntar a los medios de comunicacíon, decir que la prensa nos habla de violencia en la calle, de barrios tomados por “el lumpen” de violencia injustificada y por mero gusto. Pero esto no basta para entender los niveles de paranoia que se respira hoy en las calles.

Pareciera que quienes vivimos en la urbe nos hemos terminado aislando de los demás. Enfrascados en nuestros asuntos, preocupaciones y anhelos, ni siquiera los espacios “publicos” logran sacarnos de ese estado. Cada cual por su lado, con sus audífonos bien puestos, y caminando rápido por la calle, o manejando lo más rápido posible por la carretera, no vaya a ser que debamos detenernos, que se nos acerque otro, que alguien rompa nuestra burbuja y mirar alrededor.

¿Realmente eso es lo que queremos? ¿Que no podamos dejar nuestras sobre una mesa durante 5 minutos bajo el temor que alguien llegue y se las lleve? ¿Qué tengamos que evitar mostrar el celular o computador por miedo a que nos lo roben? ¿Qué veamos un riesgo antes que cualquier otra cosa cuando un extraño se nos acerca?

RRV

Orwell / bigote / mate amargo / kindle / radiohead / Poe / penal / Kafka / persa bio-bio / burguesito / destacadores / pink floyd / y muchos pedazos es RRV. En twitter lo encuentran como @us0and0them0

Publicaciones

4 comentarios.

  1. Vivo en Osorno y normalmente, después de la jarana de año nuevo, me voy caminando a mi casa (del carrete a mi casa es como desde estación central hasta la UTEM) y casi todos los años aparece un buen samaritan@ en auto que ofrece llevarme a la casa. Nunca me han violado ni robado la plata ni los órganos, sólo que acá en provincia no existen medios que puedan asustarnos como lo hacen con uds. en la “Capitale”. Lo más macabro que vemos en el diario (que nadie compra) es algún que otro choque o alguna cuantiosa (?) incautación de yerba del rey.

  2. depende de la ciudad, en viña la cosa no es tan cuática, de hecho cuando voy a santiago se nota que la gente es diferente /:

  3. Si la cosa creo que es en la capital, en Valpo es completamente distinto (:

  4. Hoy me encontré en Pedro de Valdivia cerca de Bilbao con un argentino recién llegado al país Le habían robado la riñonera el día anterior, y necesitaba urgente llegar a un metro para encontrarse con un amigo. Lo oriente hacia el metro y le pregunte si tenia dinero para entrar, obviamente respondiendo que no, por lo que le pase $1000 para que comprara un boleto. Me agradeció casi por media hora mientras caminábamos al metro y me dijo que antes de preguntarme a mi, se había acercado a otras 8 personas, pero que todos lo habían esquivado. Tengamos un poco más de solidaridad, y menos de desconfianza.