El “Efecto Reality”

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Últimamente y gracias al ocio que permite el estar de vacaciones, me he dado el tiempo de ver Mundos Opuestos. Lo admito, me declaro culpable: conozco la dinámica del reality, me sé los nombres de los concursantes, no me pierdo un capítulo y ya tengo elegido mis favoritos y -más importante aún- mis odiados. Ya, sí: caí en el vicio.

Recuerdo cuando empezaron a salir con comerciales en la televisión y sé que afirmé algo muy similar a “qué estúpido, ya no saben qué inventar”.

Creí que esto sería igual o peor que El Experimento (que en paz descanse), pero no sé si es porque no tengo nada mejor que hacer con mi tiempo que terminé tomándole el gustito a este nuevo reality de Canal 13. Quizás no es el mejor programa que se haya visto jamás en la televisión chilena, pero me entretiene y me hace pasar el rato. Aparte no tengo nada mejor que hacer con mi vida.

Pero lo cierto -y lo más preocupante- es que empiezo a notar en mí y en mis acompañantes de sagrada exposición al programa -mamá y hermana “chica”- el temido y autodenominado “efecto reality”. Noto que ya comienzo a involucrarme más de lo estrictamente necesario con la historia que allí se desarrolla. Me conmuevo con la Fanny -que al principio odiaba y no dejo de castigarme por ello- y le grito barbaridades a la tele cada vez que hace alguna de sus intervenciones el Chispa -qué imbécil más desagradable-. Desarrollo un fuerte sentimiento de amor-odio hacia el Huaiqui y no zoporto el azento ezpañolízimo de Tony Camo, ni ninguno de sus trucos mentales malintencionados. El otro día hasta llegué a ponerme en la situación -involuntaria, claro- de estar yo en el reality, a pensar en qué actitud tomaría, con quiénes me llevaría bien y a quiénes les pararía el carro bastante seguido.

Mi primera conclusión fue que no tendría amigas mujeres -raro viniendo de mí, en cualquier tipo de vida imaginaria o real- aunque no me caería mal la Luli ni la Mariana Marino ni la Wilma. Seríamos en general las típicas minas-buena-onda que se tiran tallas y se acompañan cuando lo necesitan, se dan ánimo pero no son amigas realmente.

Mi segunda conclusión fue que no me gustaría el italiano -qué onda lo mainstream- aunque me va cayendo mejor a medida que más lo escucho. Quizás me gustaría el Joche, o el Thiago. Quizás no me gustaría nadie y estaría aislada del resto, entrenando porque claramente yo soy la Dominique del equipo y los estoy haciendo perder en las competencias. Entrenando en vano, porque no avanzo. Y sufro, porque en realidad mi vida fuera del reality era buena y normal y estaba conforme, y dentro tengo que aguantar a una manga de tarados que se creen el centro del universo y que en realidad no son nadie. Nadie.

Entonces llego a la conclusión de que por algo no me meto en esas cosas -si postulara, quedaría. Eso está claro- y entonces todos los participantes pierden el poco respeto que se han ido ganando a mis ojos. Para qué se meten a esos programas de pacotillas.

Y entonces, justo entonces, el Chispa volvió a atacar a la Fanny. Qué se cree el roto de mierda, como si ella tuviera mucho que envidiarle a Su Majestad. Al menos este Longton (que en mi mente sigue siendo Arturo) volvió a defenderla. Bien por la familia Longton, quién se lo hubiera imaginado…

Entonces mejor apago la tele. No sirve de nada enojarse con el malaclase, a través de la pantalla no me escucha y está claro que no voy a someterme a tales condiciones para decirle que es un imbécil.

Ni que el tema me importara de todas formas.

Desconsuelo

Me aprendo las películas de memoria, veo a las personas como proyectos y estoy enamorada del desamor.

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3 comentarios.

  1. yo creo que le gusta el chispa a fanny por que la molesta bastante pero entre EL ODIO Y EL AMOR ESTA A PUNTO DE SERLO, al final no va ser odio…AMOR, ademas miren la cara q pone chispa

  2. yo digo lo mismo, creo que le gusta..pero creo que despues va a pasar algo entre ellos dos pero la fanny no va querer y ay no maaa!!!

  3. jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajaja full identificada jamás veo estas cosas pero este me agarro y bueno lo mejor es asumirlo y punto.