El incómodo viaje en ascensor

Cada mañana, miles de personas bajan desde las alturas de sus departamentos en ascensor. Durante el día es lo mismo: ascensores para subir a la oficina, a la consulta del doctor, para bajar al estacionamiento, para subir al metro o al mall. A veces solos, a veces acompañados e incluso apretados. Lo cierto es que cada viaje es un pequeño desafío para la mayoría.

La incomodidad clásica al momento de subirse a un ascensor es cuando vas solo con una mina. Por las propias características del aparato -un espacio cerrado, pequeño, con espejos- se vuelve difícil quedarse tranquilo con la mirada fija en algo cómodamente. “¿Dónde chucha miro?”, es lo que más pienso en un ascensor, porque si la miro a ella puede malinterpretar algo, pero los espejos están en todas partes e igual siempre termino mirándola. “¿Qué le digo?”, saludarla es un poco raro después de que ya te subiste y pasó un rato. Y si no la saludas al entrar es muy tarde para despedirte al salir.

Pasa lo mismo cuando entras y ves a una persona con la que viajas en ascensor periódicamente: no sabes si saludarla es lo adecuado, ni siquiera sabes la forma más adecuada de hacerlo (¿lo miro, digo “hola”, “buenos días” o me acerco y le doy la mano?).

Por otro lado, evitado ya el obstáculo del saludo, ¿de qué se le habla a la gente en el ascensor? ¿De política? No, muy denso para tan poco rato. ¿De farándula? Demasiado light. ¿Del clima? Muy cotidiano.

A algunos les pasa la cuenta el tema del ascensor y se asustan, se ponen muy nerviosos, miran la hora a cada rato, tiemblan y se pasan mil rollos por un simple viaje de 30 segundos.

Y ustedes, ¿han tenido alguna experiencia memorable en un ascensor?

MX

MX es un hipster frustrado. Le gusta el cine, la música y la ironía. Opina sobre todo y twittea puras tonteras (@max29792).

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