La espera

Cae el sol por la tarde y, con él, el brillo de un día que ya se acaba. Es un viernes cualquiera de mayo, pleno otoño y el final de la semana es el comienzo de algo más: autos, micros, gente; atochados todos, bajo el mismo cielo gris y con el mismo objetivo.

Las largas filas en los paraderos de la vereda norte de Av. Providencia son solamente el principio del viaje para el obrero del Costanera Center que emprende el rumbo a casa luego de otra larga jornada de trabajo. Lo mismo para la joven cajera del minimarket de la esquina, que llegará a estudiar para las pruebas de la carrera que con tanta urgencia quiere terminar; o para la auxiliar administrativa de una oficina pública, madre soltera de un niño al que sólo piensa en llegar a casa para ayudar con sus tareas de matemáticas de sexto básico.

El metro lleno de cuerpos, de calor, brazos y piernas, mochilas y carteras; desasosiego, pero con un poco de esperanza, y el tiempo como la consecuencia más molesta.

De vuelta van los autos, distribuidos en una simétrica cuadrícula sobre las pistas de la costanera Andrés Bello. Tacos para allá y tacos para acá. Soledad e individualismo: hombres de corbata sentados de a uno en cada auto, radio apagada, mirada fija al frente, ceño fruncido. Nada que hacer con la espera. Diez, veinte, treinta minutos más de lo habitual. Impaciencia y para qué: el gerente que se enoja porque se retrasa en el camino a su amplio y vacío departamento de separado donde nadie lo espera.

En un acto de valentía y humildad absoluta, un hombre de la calle se posiciona al otro lado de la ventana del conductor, con los ojos grandes y las manos abiertas, pero le es invisible por una combinación de prejuicio y miedo. Miedo a darse cuenta que es igual a él, porque se siente superior. Miedo a admitir que está igual de solo que ese vagabundo y que todos los demás honestos trabajadores que van camino a sus hogares con la sola esperanza de llegar algún día, como en un sueño, a la calidez que sus corazones tanto necesitan para contrarrestar este frío viernes de hojas caídas.

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MX

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