La semana pasada al fin logro ser aprobada en el congreso la ley antidiscriminación. Parlamentarios se abrazan y muchos dan por cumplida la tarea, pero debemos preguntarnos ¿Basta solo con una norma así?
Para nadie es hoy desconocido el nombre de Daniel Zamudio, sobretodo estos días en que luego de su fallecimiento producto de una brutal golpiza fuera al fin aprobada en el congreso la ley antidiscriminación.
En su momento no falto noticiario, diario o posteo en twitter en que no aparezcan personas rasgando vestiduras, despreciando la horrible agresión y preguntando a los cielos cómo es posible que en este país se den estos actos de violencia ante personas que deben ser comprendidas y acogidas.
Sin embargo, despiertan suspicacias comentarios de este tipo. Porque como sabemos, en momentos así la mayoría se abandera, postea un par de videos o comentarios en twitter y facebook y se compra una chapita con la frase del momento. Pero no hacen falta más que 2 semanas para que los comentarios fueran reemplazados por un tópico mas contingente y que aquel distintivo de la causa se perdiera en el fondo del cajón.
Y seamos francos: Chile quizás este al fin dejando de lado la homofobia que por muchos años a reinado entre nosotros, pero aun está lejos de ser un país que acepte la diversidad sexual como algo sano y natural. Puede que hoy podamos hablar de homosexualidad en público, pero aun nos reímos del chiste estereotipado sobre “el maricon” o “la loca”. Puede que aceptemos su sexualidad, pero aun nos resulta incomodo dejar que una persona homosexual adopte un niño, bajo el temor de pervertirlo. Puede que aceptemos que formen pareja, pero aun no somos siquiera capaces de aceptar su matrimonio.
Detrás de aquellos posteos, de esos comentarios, de esos rostros dolidos e impactados aun existen muchas personas que solo toleran la homosexualidad, pero que aun no la aceptan. Son esas personas que ven con lastima, con pena a quien es diferente, como si estuvieran ante un enfermo sin cura al que solo compadecen pero que no ven como alguien normal. Chile aun es un país heteronormativo, en que una persona de tendencia heterosexual siempre tendrá mayores oportunidades: mayores posibilidades de conseguir un trabajo importante, de conseguir un cargo político, de formar familia, de ser considerado como alguien sano y normal.
En chile es necesario el derramamiento de sangre para tener una ley antidiscriminación, una ley que apenas asegurara la tolerancia a la diversidad sexual, que con suerte evitara la violencia directa. Pero ¿Cuándo habrá una igualdad civil que permita libremente el matrimonio y la adopción? ¿Cuándo habrán programas de educación sexual que enseñen como algo normal y sano la diversidad sexual? ¿Cuándo las familias dejaran de sentir lástima o vergüenza cuando sus hijos les revelen su orientación sexual?
Esperemos que no sea necesario llenar los medios de victimas y mártires para conquistar derechos tan esenciales. Pero seamos claros, aun nos falta mucho.
Creditos fotografía: Francisco Castillo. Agencia UNO
















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