Pocas situaciones son tan humillantes como cuando te pillan chamullando. Ya sabes, cuando empiezas a irte en una volá sin fundamentos, tratando de convencer a otros de que sabes de lo que estás hablando, mintiendo exagerando la realidad a tu conveniencia, convencido de que estás quedando mejor que nunca frente al resto producto de tu oratoria inigualable y conocimientos incomparables… y fallando.
Confiabas en ti, pensabas que podrías lograrlo, lo habías hecho antes y había resultado. Nada podía salir mal… hasta que todo salió mal y no tienes a nadie más a quien echarle la culpa que a ti mismo. Que te atrapen en plena mentira no solo es humillante por el sentimiento de inferioridad que sientes ante el triunfo del maricón que te descubrió (en público!), sino también por la decepción personal de que tu mentira o tollo no fueron lo suficientemente fuertes.
Algunos ejemplos clásicos:
Haciéndote el interesante en un tema que no dominas: típico. Estás conversando con tus amigos, conocidos, polola, familia, cleverbot, etc, cuando detectas un tema que te interesa. Te gusta lo suficiente como para querer hablar de él y hasta conoces algunos aspectos que podrían interesarle a los demás. Y ahí empiezas.
Al principio vas bien, todos están pendientes de lo que dices y eso solo te da confianza. Pero luego sigues y sigues y sigues y oh, Dios, qué estoy diciendo y de dónde saqué esta información? La bola de nieve verbal que creaste ha alcanzado un tamaño considerable y, a pesar de que sonaste fascinante para algunos, otros miembros de tu público seguramente notaron alguna incongruencia en tu discurso y no dudarán en hacértelo notar. Delante de todos. Con la única intención de humillarte y de que todos los demás sepan qué clase de persona eres: alguien tan chanta que está dispuesto a inventar detalles extra sobre temas irrelevantes a sus propios amigos. Eres lo peor, lo más bajo. Por eso te callas y no vuelves a participar en la conversación hasta que tu autoestima vuelve a recuperarse. Y todos sabemos que eso puede tardar años.
Mintiéndole a los viejos: Jamás entenderé si los papás son más weones de lo que uno cree (y uno los hace tontos con facilidad), o menos (y uno no tiene ninguna oportunidad con ellos, porque saben exactamente lo que tramamos). Lo que sí sé es que son seres despiadados cuando resulta que sí se avispan y notan que les mientes. “¿Que te vas a quedar en la casa de Lupi estudiando el mismo fin de semana que es el CarreteFinDelMundoTodosLosJuvenoidesEntranGratisDobleCoverAllNaitLong? Bueno, acabo de ver en Facebook (tienen a todo el mundo en Facebook) que Lupi está de vacaciones en el sur, por lo que no es cierto que irás a su casa estudiando, por lo que me estás mintiendo, por lo que te quedas en tu pieza todo el fin de semana”. Y cagaste.
Viejos de mierda. Te humillaron Y te dejaron sin carrete el fin de semana. Tienen el poder para hacerlo.
Interrogación oral: Ahí estás tú, en frente de toda la clase (o en la oficina del profesor, no sé qué es más incómodo), en el día de la interrogación oral que abarca más materia de la que tu cerebro podría procesar. Cuando anunciaron la interrogación hace meses, te aseguraste a ti mismo de que estudiarías, pero ha llegado el día y la verdad es que lo único que dominas con maestría es la cantidad de veces que twitteaste que deberías estar estudiando la noche anterior. El profe te pregunta algo que no sabes (porque es un maricón, no porque tú no estudiaste) y te da la libertad para que te explayes.
Y ahí empiezas tú a hablar sin rumbo ni autoconsciencia del ridículo que estás haciendo, uniendo términos que casualmente escuchaste en clase, haciendo referencias a conceptos que alguna vez leíste en un resumen y viendo cómo tus compañeros mateos y el profesor empiezan a esbozar una malévola sonrisa que inequívocamente significa que te pillaron, que te cacharon, que ya es demasiado tarde para corregir el caos que causaste. Ah, y mientras todo esto sucede, tú sigues hablando, sin saber a estas alturas lo que estás diciendo, temiendo la posibilidad de que ni siquiera estés usando el idioma adecuado, pero incapaz de callarte, porque ya todo está perdido, estás haciendo el ridículo de tu vida, todos lo saben, tú lo sabes y no se detiene hasta que el profe te hace callar y te manda a sentarte, rodeado de las risas de todo el mundo.
Todos estos casos son similares y están unidos por tu no-tan-asombrosa capacidad de invención y la vergüenza que sucede estos acontecimientos es indescriptible. Estás atrapado. Estás cagado. Ya no hay nada que se pueda hacer. Nada. Sopesas las posibles opciones a medida que tu cara se vuelve exponencialmente roja, lo que te delata y hunde aún más, a pesar de que creías que no se podía estar más delatado y hundido. Balbuceas un par de respuestas. Tu mente empieza a arrojar infinitas posibles respuestas, cada una menos creíble que la anterior. Sabes lo que tienes que hacer: admitir la verdad.
Si logras calmarte un poco, intenta balbucear algunas palabras que admitan que sí, jaja, quizás sí, efectivamente, tal vez, exageré un poquito, ups, perdón, olvidémoslo y reza para que la gente se lo tome de la mejor forma posible y lo olviden rápidamente.¿Creías que te podías salir con la tuya? No, no pudiste, y lo más probable es que después de esto dejes de intentar salirte con la tuya por un buen período de tiempo.


















Me reí demasiado! Aunque no falta el compañero con el don del ‘chamulleo’ que igual se salva.