La semana pasada se celebró la cumbre sobre temas medio ambientales, Río+20, en Brasil. En este evento se reunieron presidentes de los países más importantes de América Latina y el mundo, para discutir acerca de las medidas que se tomarán para combatir la crisis ecológica mundial, que amenaza con el colapso total de los ecosistemas del mundo.
A pesar de que la idea era culminar con un acuerdo que pavimentara el camino hacia un mundo mejor y bla bla bla, claramente no fue así y todas las intenciones se quedaron, como tantas veces en el pasado, en absolutamente nada. Y parece ser que desde hace tiempo que las presiones del mundo empresarial dominan las voluntades de los gobiernos, que terminan por conformarse con medidas inútiles para el fin que supuestamente persiguen.
De nada sirve que se sigan haciendo acuerdos y reuniones con los líderes mundiales, que aseguran llegar con toda la disposición para “cambiar el mundo” o para “darle un giro” a esta inminente catástrofe. Es un tema de civilización, de cómo hemos construido nuestras ciudades, naciones y sociedades actuales, a las que hemos llevado a un punto en el cual nos han superado completamente, aplastando cualquier iniciativa individual que atente contra el sistema.
Pero, ¿son incompatibles el capitalismo y la preservación del medio ambiente? La pregunta es otra, creo. Más bien, vale preguntarse: ¿es comparable la importancia de los ecosistemas de la tierra con la forma en que se ha organizado el mundo?
El genial discurso (en esa misma cita) del presidente de Uruguay, José Mujica, ha recibido muchas visitas en Youtube y comentarios y ha sido compartido incontables veces en Facebook y Twitter, y ha sido alabado por mucha gente que, si bien piensa así, no hace mucho al respecto y esa intención no va más allá del “miren este video”. Es un discurso repetido quizás millones de veces a lo largo de la historia de los siglos 20 y 21.
El mensaje está, eso es innegable: nadie va a querer destruir el mundo (o por lo menos, nadie va a admitir públicamente querer destruir los ecosistemas). Entonces, ¿por qué no se ha hecho nada al respecto? ¿Por qué seguimos encaminados hacia el mismo abismo del que hemos tenido la intención de salvarnos por los últimos 20 ó 30 años? ¿Por qué un país tan importante como Estados Unidos aún rechaza el tratado de Kyoto?
Como jóvenes, tenemos que estar al tanto de esto mucho más que el resto del mundo, porque se trata del mundo que nos quedará a nosotros. Y toda esa despreciable gente que alega y critica tantas cosas en las redes sociales, pero que se niega a votar porque “no me interesan esos temas” o porque son “irrelevantes” e incluso se niega a participar en manifestaciones en contra de todo eso que critica, tiene que entender que la única forma de cambiar el mundo es moviéndose.
Y lo sé, escribir un artículo en una página web quizás es más “no moverse”, pero estoy tranquilo porque conozco las maneras en que puedo involucrarme: con manifestaciones, informándome y, lo más importante, votando. Porque solo así vamos a poder tener una opinión respecto a nuestro futuro.
Entonces la pregunta frente a la crisis medioambiental (y ante cualquier otro problema) es más amplia: ¿qué haremos al respecto?

















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Algo es algo
o http://www.reforestemospatagonia.cl/ (: